ADICCIÓN: trabajando para conseguir una solución y no, perpetuar el conflicto.

De: Néstor
Para compartir, si lo deseas.

Se puede ayudar a los individuos drogodependientes proporcionándoles intervención, educación, consejo, un programa de tratamiento y otras ayudas. Estos programas representan un paso importante hacia la prevención y la erradicación de los problemas que la adicción a las drogas o al alcohol puede causar.

Drogas de adicción
Sustancia Forma Modo de consumo Peligros posibles Período de detección en orina*
Alcohol Líquido Consumo oral Hepatopatía, insuficiencia respiratoria, depresión, ansiedad, coma, dependencia psicológica/física 24 horas o menos
Anfetaminas Cápsulas o comprimidos Consumo oral, inyección o inhalación Tensión arterial alta, pérdida de apetito, infarto cerebral, fiebre, insuficiencia cardíaca, psicosis 2-4 días o más
Barbitúricos Cápsulas o comprimidos Consumo oral Insuficiencia respiratoria, depresión, ansiedad, convulsiones, insomnio, coma, psicosis, dependencia psicológica/física, muerte 1-21 días o más
Benzodiacepinas
(tranquilizantes)
Cápsulas o comprimidos Consumo oral Insuficiencia respiratoria, depresión, ansiedad, convulsiones, insomnio, coma, dependencia psicológica/física, muerte 3 días o más
Canabinoides
(marihuana y hachís)
Hierbas secas con semillas y tallos Inhalación fumada o ingestión en forma de galletas Daña la memoria a corto plazo y los pulmones, psicosis, dependencia psicológica, malformaciones congénitas 5-36 días o más
Cocaína
(coca y crack)
Líquido o polvo Inhalación, inyección o fumada Daña las fosas nasales, pérdida de peso, tensión arterial alta, infarto de miocardio, convulsiones, infarto cerebral, dependencia psicológica/física, pérdida de apetito, muerte 2-4 días o más
Ácido lisérgico
dietilamida (LSD)
Cápsulas, gelatina, líquido o comprimidos Consumo oral o en gotas en los ojos Tensión arterial alta, pérdida de apetito, insomnio, temblores, ansiedad, "flashbacks", trastornos psicológicos 2 días o más
Opiáceos
(heroína y morfina)
Cristales, líquido, polvo o comprimidos Consumo oral, inyección, inhalación o fumados Náuseas, vómitos, pérdida de apetito, insuficiencia respiratoria, convulsiones, coma, adicción psicológica/física, muerte 2-5 días o más
Fenciclidina
(PCP)
Cristales, líquido, polvo o comprimidos Consumo oral, inyección, inhalación o fumada Fallos en la coordinación y en los sentidos, depresión, ansiedad, fallos en la memoria, comportamiento violento, convulsiones, tensión arterial alta, infarto de miocardio, infarto cerebral, coma, muerte 3-8 días o más
Narcóticos sintéticos
(Blanca China y Fentanilo)
Cristales, líquido, o polvo Consumo oral, inyección o inhalación Náuseas, vómitos, insuficiencia respiratoria, convulsiones, coma, infecciones debidas a las agujas, dependencia psicológica/física, muerte 2-5 días o más

*Las cifras son aproximadas. Las cantidades consumidas, la frecuencia del consumo y la edad, el peso, el estado salud y la química corporal del individuo afectan al período de tiempo que una droga permanece manifiesta en una muestra de orina.


Escrito por el Dr. Aquilino Polaino-Lorente
sábado, 23 de junio de 2007
La marihuana no es una droga "blanda"
Entrevista a Aquilino Polaino-Lorente. Catedrático de Psicopatología de la Universidad Complutense
Aceprensa, s. 151/94, 16 de noviembre de 1994.

Ahora que algunos plantean legalizar las drogas "blandas", especialmente las derivadas del cannabis (marihuana y hachís, principalmente), que son las más extendidas, conviene saber qué dicen los expertos en toxicomanías. El Dr. Aquilino Polaino-Lorente, catedrático de Psicopatología de la Universidad Complutense (Madrid), ha realizado numerosas investigaciones sobre drogodependencia. Aparte de sus publicaciones científicas, ha escrito sobre este tema obras de divulgación, como ¿Conoce usted los efectos del abuso del alcohol y las drogas blandas? (Acción Familiar, Madrid, 1982) o Tus hijos y las drogas (Palabra, Madrid, 1991), esta última en colaboración con Javier de las Heras. El Dr. Polaino-Lorente contesta aquí algunas preguntas de interés para el público.

- Los que proponen legalizar la marihuana y el hachís suelen aducir que estas drogas no son más peligrosas -o incluso, que lo son menos- que otras permitidas, singularmente el alcohol y el tabaco. Desde el punto de vista de las toxicomanías, ¿hay alguna diferencia que justifique una prevención especial contra las drogas derivadas del cannabis?

- Existe una diferencia importante entre los motivos que pueden conducir al consumo de alcohol o, tal vez, de tabaco y los que llevan al consumo de otras drogas. Se puede desear consumir bebidas alcohólicas simplemente porque se aprecia su sabor, pero sin buscar -es más: aun evitando- que produzcan efectos manifiestos sobre el sistema nervioso, por lo que sólo se consumen dosis bajas y espaciadas. Es decir, en ese caso no se consumen como droga.

En cambio, el resto de las drogas, incluido el cannabis, se consumen siempre, desde un principio, buscando las alteraciones que producen sobre el sistema nervioso. Es decir, el deseo de drogarse está siempre presente en el consumo de la marihuana y el resto de las drogas.

Esto no es por casualidad. El cannabis tiene efectos directos e inmediatos sobre el estado de conciencia que no experimentan los bebedores moderados ni los simples fumadores. Por el contrario, el cannabis actúa directamente sobre el centro del placer, por lo que la habituación a esta sustancia acaba provocando importantes trastornos de la personalidad.

Obviamente, el consumo abusivo de alcohol constituye una enfermedad -el alcoholismo- que causa la muerte de muchos españoles cada año. El consumo excesivo de alcohol es, ciertamente, peligroso; su consumo moderado, no.

En cambio, no puede afirmarse lo mismo respecto del cannabis. Su consumo -cualquiera que sea la dosis- comporta un mayor o menor riesgo.

- Concretamente, ¿cuáles son los efectos nocivos del cannabis, en especial a largo plazo?

- Las consecuencias varían mucho, según el tipo de producto que se consuma, las condiciones de la persona, etc. Las más comunes son las siguientes:
Unas veces produce, al principio, una reacción eufórica, con profunda irrealidad; pero también es frecuente -especialmente en los no iniciados- experimentar sensaciones desagradables y vivencias de despersonalización. Después suelen aparecer hipersensibilidad, aumento de la sugestionabilidad, disminución del control afectivo e impulsividad. También se producen a menudo ilusiones, incluso alucinaciones.

En una fase ulterior, que en el consumidor crónico se da entre una dosis y la siguiente, el cannabis provoca abulia, indiferencia afectiva e inhibición motora. Los proyectos, ilusiones y motivaciones pierden interés o desaparecen por completo, como si se tratase de un estado depresivo, del que se intenta escapar recurriendo al consumo de una nueva dosis de droga, originándose así un círculo vicioso. Finalmente, en el intoxicado se agravan estos síntomas, acompañados de episodios de excitación motora, conductas agresivas e insomnio. El estado de ánimo depresivo, la indiferencia y la inhibición, cuando no se está bajo los efectos de la droga, se van haciendo cada vez más intensos, de modo que se tiende a reiterar el consumo con una frecuencia mayor, para aliviar los síntomas.

En fin, el abuso del cannabis deteriora los centros nerviosos responsables de las gratificaciones (de las motivaciones). Aparece un "síndrome amotivacional", característico de los consumidores crónicos de marihuana, que resulta congruente con el aumento del "pasotismo" juvenil contemporáneo.

A la vez, aparecen daños biológicos, como congestión de la conjuntiva de los ojos, aumento del ritmo cardíaco, bronquitis, asma, disminución de defensas -lo que facilita infecciones-, alteraciones del ciclo menstrual, esterilidad y mayor riesgo de aborto y de malformaciones congénitas en los hijos.

- Según su experiencia clínica, ¿el consumo de cannabis suele conducir al de otras drogas más potentes?

- Con mucha frecuencia, el consumo de drogas se inicia con una de las llamadas "blandas"; pero, como consecuencia directa de su consumo, esas personas tienden a buscar otras sustancias capaces de producir unos efectos superiores a los que las "blandas" les proporcionan. Así entran en el conocido sistema de "escalada", por el cual consumen drogas progresivamente más potentes y peligrosas que, además, se administran por vías en las que obtienen efectos más fuertes -como la vía intravenosa-, con lo cual el riesgo de dependencia también se acrecienta.

- Como conocedor de las toxicomanías, ¿considera útil o justificada la distinción corriente entre drogas "blandas" y "duras"?

- Esa clasificación de las drogas, según los efectos y consecuencias, se está abandonando en la actualidad. Hoy sabemos que esa distinción es superflua y que, siendo cierto que el consumo de algunas drogas puede ser más peligroso que el de otras, todas las drogas son "duras" en el sentido tradicional. Así, resulta inaceptable, por ejemplo, que la marihuana sea calificada como droga "blanda", si consideramos que sus efectos sobre la persona no son moderados ni transitorios.

A este respecto, señalaré que se necesita que transcurran, al menos, treinta días consecutivos de abstinencia para que se elimine en el organismo el principio activo del cannabis, cualquiera que sea la dosis consumida, aunque fuera un solo "porro". Por otra parte, aunque se discute aún si esta sustancia provoca dependencia física, la dependencia psicológica sí está probada, al igual que la tolerancia. Ahora bien, aun admitiendo -por ahora- que no existe dependencia biológica, es muy posible que ésta llegue a producirse por una vía indirecta. Me refiero a los fenómenos de habituación estudiados por la psicología del aprendizaje. Pues una vez que se ha consolidado el aprendizaje del comportamiento y de las contingencias que a éste suceden, resulta muy difícil poder seguir adscribiendo la habituación al plano meramente psicológico.

Todas las drogas, en fin, son "duras" desde el momento en que se convierten en sustancias que una persona busca con la finalidad de lograr un cambio en su estado de ánimo, una evasión o vivencias intensas y diferentes, fuera del marco objetivo de la realidad. Entonces, el riesgo de la dependencia psicológica, con todas las consecuencias indeseables que supone, se hace presente inmediatamente.



DESDROGARNOS
El Dr. Eduardo Kalina tiene un trabajo interesante acerca de la adicción, el cual se titula Desdrogarnos. Kalina tiene una definición que vale tener en cuenta, porque el adicto, no nace así, es el resultado de un hogar enfermo, pero no incurable: Madres depresivas y padres ausentes, hacen de sus hijos su propia droga. Los hijos, tratan de llamar la atención de la madre, jamás satisfecha; rotando los mismos entre sí en su rol de oveja negra. Con frecuencia la madre bloquea su libido en forma inconsciente para castigar a su compañero por el abandono o maltrato y se aferra al hijo, creando las bases para la adicción o la dependencia; siendo en el caso de la hija, un vínculo equivalente con el padre. La sobreprotección es un desprotección encubierta. La ausencia de figura paterna, no necesariamente debe ser física por separación o muerte, sino que puede representar una figura menor e inestable emocionalmente, que no asume su paternidad en forma responsable y que genera habitualmente, un entorno de violencia familiar. Podemos afirmar con tranquilidad, que no existe un adicto que no sea sensible, con un nivel de percepción fuera del promedio, pero que en estado de carencia afectiva se hace vulnerable y recurrente. Si quieres vencer, véncete!!!
En sí misma, la adicción es una propuesta de muerte, la que puede ser perfectamente reemplazada por una propuesta de Vida; pero hace falta encontrarle el sentido trascendente a la existencia, para alcanzar la liberación del yugo que nos ata. El crecimiento real se produce por incomodidad; es decir, que para cambiar, debemos necesitar hacerlo de todo corazón; si es posible, con las fuerzas del alma y en el nombre de Dios.
Trabajar sobre la detección de elementos que nos inducen hacia el condicionamiento, es un arte inagotable; muy especialmente cuando observamos que la sociedad en la que vivimos, da las bases para el consumismo y la dependencia. Quizás, porque para quienes manejan los hilos del mundo, les interese tomar la mente de nuestros jóvenes y tenerla detrás de lo ilusorio. Thoreau dijo, Lo necesario, es mejor que lo superfluo. Entendiendo que es posible el proceso de transmutación de la ignorancia en conocimiento, de los quereres cambiantes y polares por el amor y la unidad; pero para ello, hay que detectar donde abundan las rutinas que son producto del condicionamiento. Por lo tanto, si hay sedentarismo, será reemplazado por una actividad o disciplina diaria, no impuesta y sí pogresiva. Si hay desorden en la alimentación y en los hábitos de vida, se tratará de desayunar como un/a rey o reina, almorzar como un/a príncipe o princesa y cenar como un/a mendigo/a; este cambio sencillo aprovecha los beneficios del ritmo circadiano, el cual depende de la cantidad de luz que posee el día a cada momento. Completar el proceso de trasnformación implica incorporar a la vida diaria la Respiración Consciente y la Visión Ampliada, para salir definitivamente de la visión focal o egocéntrica que nos llevó a la adicción. Los vicios posturales producen bloqueo de la Energía Vital y son totalmente frecuentes en los adictos, quienes tienen a dejar caer sus hombros, hundir el pecho, hacer respiraciones breves, cruzar las piernas y los brazos, mirar hacia abajo y rotar la pelvis hacia arriba, elevando la sínfisis pubiana; lo cual da una postura que denota total fragilidad emocional y falta de voluntad para sobreponerse a la dependencia y la adicción. Para caer en el proceso adictivo, es necesario que la persona vibre en 2do o 3er chakra o centro de energía, en el segundo queda atrapado por su fantasía y nulidad, haciendo enormes esfuerzos para no alcanzar nada. Cuando lo hace en el 3er centro, refuerza sus simpatías y antipatías y multiplica el conflicto con su entorno vibracional; sin dejar por ello, de ser vulnerable a su propio egocentrismo. Si pudiéramos ponerle un nombre sencillo a este proceso, podríamos definirlo como Miedo a Crecer; que nos llenan de mecanismos de defensa, para escapar a ningún lugar, de una realidad hostil no aceptada. Crecer sin resolver es decrecer.
La dificultad que habitualmente tenemos para honrar al padre y a la madre, aceptándolos tal cual son, sin retoques, nos lleva a elegir a uno de ellos, en detrimento del otro; produciendo así una fractura interna, la cual afecta el equilibrio interior. Cuando ambos padres están en nuestro interior, integrados en las dos raíces psicológicas y biológicas que nos conforman, la sanación es un hecho posible; ésto nos priva de muchos dolores de cabeza. Sabiendo que la autodestrucción tiene su raíz en el personalismo, y la liberación interior, en la impersonalidad, propia de la mansedumbre; es verdad que todos nos hemos equivocado y podemos equivocarnos una y otra vez, pero la evolución de nuestra conciencia y de la especie humana, requiere de una postura diferente, sustentada en el arrepiéntete y anda y el Amor Divino.
Simplemente este artículo, es un aporte pequeño para un gran problema social, vinculado totalmente a la seguridad y a la posibilidad de alcanzar la convivencia pacífica entre todos los humanos. La adicción, en verdad, es una manera temporal de aislarnos de la realidad, por no aceptarla tal cual es. La reiteración del estímulo, induce como es sabido a la drogodependencia y a la despersonalización del individuo, porque afecta diréctamente la conciencia. En cambio, para crecer el plenitud, debemos tomar a la realidad como punto de partida, sin retoques o maquillajes, y desde allí proyectarnos evolutivamente, hasta alcanzar el desarrollo armónico, como arquetipo de la sana convivencia social. Sin olvidar, que la personalidad o ego, nos hace huir, negar, o convierte en víctimas de nosotros mismos y de las circunstancias, pero sólo perpetúa el conflicto y aumenta la fragilidad psicológica.

Para amar, hay que olvidarlo todo, dice Joaquín Sabina.
Sin perdón, no hay sanación profunda del organismo social.
Dr. Néstor Hugo Almagro

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